LOS MEDIOS DE LA EDUCACIÓN ROMANA.
3.1. LAS ESCUELAS.
La escuela a menudo se situaba en un pequeño cuarto (taberna, pergula), en una cabaña o en el jardín, según el tiempo y las posibilidades. Las mejores escuelas eran por lo general las públicas, organizadas por los municipios y por ello situadas en edificios públicos, como las stoas y las bibliotecas, y sobre todo en los gimnasios y las palestras, algo lógico porque la instrucción no solo era mental sino también física, en especial en la parte oriental del Imperio.
Escuela romana.
En el aula el maestro tenía una silla (
cathedra) o un taburete (
sella) y procuraba estar en un lugar más elevado que los alumnos, para controlar el orden de la clase, y no contaba con pizarra y tiza, aunque al parecer se usaba un tablero sobre el que escribía con letras grandes para mostrarlas a los niños, que se sentaban en escaños (
subsellia) y ponían sus libros e instrumentos sobre largas mesas para varios alumnos, sin que se conocieran entonces los pupitres.
En las paredes se sabe que se pintaban mapas e incluso había mapas portátiles.
3.2. LOS LIBROS.
Ilustración (c. 1900) de un romano leyendo un papiro en una librería.
Relieve de un sabio romano en su estudio-biblioteca.
Los libros eran escasos en las casas, debido a su alto precio, por lo que solo los más ricos gozaban de bibliotecas amplias, pero la mayoría de los miembros de la clase media pudo tener en propiedad algunos libros para su otium litterarium. Además, Roma y muchas ciudades contaban con suficientes bibliotecas de acceso gratuito para que los amantes del saber no tuvieran problemas para acceder a la alta cultura.
Reproducción de un doble rollo de papiro de época romana.
Los libros tenían dos formatos. El más común durante la mayor parte de la historia de Roma fue el rollo de papiro egipcio, que fue sustituido muy lentamente por el pergamino, confeccionado con pieles alisadas de ternera y otros animales, que tenía la desventaja de ser mucho más caro, pero a cambio era mucho más resistente y duradero, por lo que se fue imponiendo a partir del siglo I dC, cuando se desarrolló su forma del codex, un grupo de hojas de pergamino cosidas con un cordel, el precedente del libro actual.